
Me gustaba aquella geometría exacta
En la que sumergía mis ojos
Te veía con la luz exacta
Que deja un trasluz perfecto
No cabía nada más en mi mirada.
Estaba de pie
Sobre la punta de un compás de acero
Y decidido a perforarme el alma
O morir.
En un estado
Inanimado
En Zen cuántico
La perfección incierta
De la rueda perpetua
Girando en mi cabeza.
Aún no estabas tu...
Ya no se ni cuanto tiempo hace
de cuando dejé el verdor entrar
Por un ángulo muerto de mi oscuridad
Y su primavera me devolvió
Mis designios de frágil hoja
Surcando el viento sin razón.
Yo amaba
La frialdad de mi sonrisa
El color firme de mi locura
La matemática exacta
De mi dolor.
Mi zen cuántico
Mi pensamiento perfecto.
Ese que decía
Que alguien como tu
No podía existir.
Que no me iba a quemar las alas con un beso
Que no me iba a desmoronar contra tus brazos
Que no me iba a partir el alma en pedazos
Por una insensatez
Abriste mi ventana y dejaste
Mis calculados pensamientos enterrados
De una risa simple y clara...
Y cambiaste mi equilibrada oscuridad
Por mi hálito de jinete desbocado
Y ahora soy un loco
Corriendo hacia el precipicio
Deshojando mi negra flor
Deshuesando mi cuerpo ansioso...
Recordando
Esa brisa de acero
Ese frío sincero...
Ese frío que decía
Que alguien como tu
No podía existir...
2 comentarios:
Me encantó este poema. Siempre es difícil hacer buena poesía amatoria: se ha dicho tanto y de tantas formas diferentes... Lograste crear un bello poema hablando del amor. Felicidades!
Gracias raquel, díficil pero necesario...
Saludos
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